yo nunca nunca
me imaginé que en tu mirar
sereno, cubierto por un par de
anteojos, encontraría
la piedra filosofal de toda la lujuria
habida y por haber, líquida
y seca, terriblemente
tuya, como si nadie la llevara
abanderándose por las calles,
avenidas
y callejones sin placer
a los que estamos condenados-
tanto me fascinaste, tanto encendiste
mi delicia, que al próximo por pasar
puedo decirle sin dudas que
yo nunca nunca -pero nunca-
te conocí.
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