26 julio, 2015

PUNTEOS, LOOPS Y DEMASES: libre, jugada y sobresaliente


CAMILA MORENO
Mala Madre
(Charco/Plaza Independencia, 2015)

/ROCK ORGÁNICO/ Desde una portada donde la protagonista luce un vestido empapado, al punto que se traslucen sus pezones, la intención de Camila Moreno al entregar el sucesor de PANAL (2012) no es otra que reflejar lo más hondo y crudo de su ser, desde una femineidad nada pusilánime, siempre difícil de domar. Sonoramente recurre a mezclar cuerdas puras, violines al derecho y al revés, golpes concretos, ritmos espesos, pianos en sepia, atmósferas con validez; cosas de llevar la producción con la complicidad del omnipresente Cristián Heyne, Cristóbal Carvajal y Tomás Preuss, este último ex compañero de Camila en Caramelitus y actual cabecilla de Prehistöricos.

La misma Camila a quien recuerdo sonando con gracia cuando estrenaba "Antes que" en su versión demo vía Radio Uno (grabada con Marcelo Aldunate como valedor), o en un showcase ofrecido en una librería de Providencia cuando ALMISMOTIEMPO (2009) estaba fresquito, se inspira en la leyenda de una tribu donde las mujeres que menstruaban bajo la luna llena eran expulsadas, y también en la existencia de la planta mala madre. Con esas lecturas absorbidas nos abre la puerta de todo eso que siente la mujer rechazada, malamada, vista como fea pero llena de una fuerza misteriosa, la misma que se manifiesta durante los 40 minutos que dura MALA MADRE, álbum que prolonga la búsqueda cantautoral poco acomodaticia ya cristalizada en PANAL. Ella lo llama rock orgánico, rótulo donde caben la intensidad matemática y duramente reflexiva de "Libres y estúpidos", el toque Radiohead cosecha 2007 en "Máquinas sin Dios", el trajeado Portishead de "Piedad", las metamorfosis entre el folk desnudo y el ambient pop de "Bathory" (sí, aquí se invoca a la condesa sangrienta que suele ser citada por los metaleros extremos), la marcha enrarecidamente cautivante de "Bailas en los polos" (de comienzo muy Laurie Anderson)... Todo eso se manifiesta con fuerza, sin olvidar esa invitación a superar traumas de la inaugural "Tu mamá te mató" o ese nuevo clásico instantáneo al nivel de "Lo cierto" o "Te quise" llamado "Sin mí" (bien enganchada luego de "No parar de cerrar"). En su tercer intento, la Moreno consolida su manera de hacer canciones mirando hacia sus huellas duras sin preocuparse tanto por lo que otros esperan de su figura y su aguda voz. Allí la tienen: libre, jugada y sobresaliente. 

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