CAJA MALDITA: sólo son vidas (de adictos)

¿Están seguros que VOLVER A MÍ (Canal 13, domingo después de LOS 80) es una serie nueva? Porque parece, al menos en un vistazo imparcial, que estamos presenciando como María Izquierdo, Esperanza Silva y Luis Dubó asumen roles demasiado parecidos a otros que hayan interpretado en otras ocasiones, fuese en Geografía del Deseo, Reporteras Urbanas o en alguna teleserie. Justamente la Izquierdo es quien lidera el proyecto como guionista principal de la serie, premiada por el Consejo Nacional de Televisión hace dos o tres años, mas recién exhibida por el 13 actualmente, vendiéndonosla pegada con la temporada 3 de la estelar con Juan Herrera y los suyos, jugada sensible sin desperdicio. Si esa sensación descrita al principio es lo que puede desmotivar al televidente potencial, hay elementos que llevan a lo contrario, es decir, quedarse pegado a la pantalla. Como el personaje de Alejandro Goic: Felipe Cardelli, ex militar alcohólico de pasado oscuro. O el rollo de María Lara (Macarena Teke), hija de una senadora, adicta a la pasta base. O el dolor que siente Julia (Catalina Saavedra, tras el boom internacional de LA NANA) al haber perdido a su hija, del cual huye consumiendo cocaína. O el profesor universitario cargado de trabajo que consume anfetas, interpretado por Alejandro Trejo. Personajes que tratan de escapar de sus adicciones, recluyéndose en un centro de rehablitación donde la doctora Rocío Riquelme (la propia María Izquierdo) los hace dialogar y ser parte de rutinas muy hippie por demás. Lo más friki de la trama es cuando llevan un chef, que les cocina platos finolis: ¿están seguros de que en un lugar así pasa eso? Si Ferran Adriá llega allí, capaz que Cardelli se hubiera agarrado con él... La guinda sonora de VOLVER A MÍ son las composiciones de Ángela Acuña, tanto en lo instrumental como en lo cantado. Por sobre cualquier duda reiterativa, la calidad actoral se impone en esta producción de Parox, otrora responsables de aquel Exijo Una Explicación! con Eduardo Bertrán. Como rapeaba Xhelazz, sólo son vidas, pero merecen toda nuestra atención.

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