Alguna vez aquí estuvieron dos banderas:
una roja y otra morada.
Por lo común al viento cada bandera
reluce, se enciende, se eleva
sin salir de su palo, invita
a mirarla o admirarla o decir
lo que uno quiera. Estas dos al viento
flameaban una en contra de la otra
llegando a hacer un ruido molesto
cuando se golpeaban. Tuvo que llegar un relámpago
para poner las cosas en su lugar, dejando
a la morada y la roja como dos trapos
que flameaban al viento por su cuenta
sin joderse ni joder a nadie. Por culpa de ellas
aquí desconfían de la patria.
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