Se supone que después de las
calles 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8
debería venir la calle Mambo
pero en cambio aparece
un peladero donde la tierra seca
se mezcla con los coágulos, las
jeringas, los cuchillos rústicos,
los fetos y los perros del sector
lamiendo la sangre todavía
caliente. La frialdad de los
números precede al terror barrial
que nadie espera -tal vez
en otro tiempo los compases
de Pérez Prado sonarían esperanzadores.
Tal vez no.
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