Este es el punto.
La derivación redonda
y minúscula
que une una serie de sentencias
o pone el remate a la reunión
de sujeto y predicado.
Los dos puntos
son puentes entre escenas
cercanas
o lejanas, según se precise.
Las comas
sitúan a los actores
sean estos protagónicos o de reparto
como en una especie de lista que se pasa
al principio de la clase:
fulano, zutano, perengano
presentes
por obra y gracia de la moral huidiza
del párrafo de turno
o de la estrofa quebrada
en metros clásicos o modernos.
Y este
es el punto final:
el timbre de agua
para la historia sin memoria
o el roce sin acabóse
o el daño sin reparación
que nos duele incluso
a los que lo graficamos como viñeta.
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