tengo un fajo de billetes manchados con sudor y lágrimas.
cuando llegue del trabajo los tengo que lavar
con detergente extra, un poco de jabón y escobilla.
la idea es que cuando lleguen los negociantes
los encuentren limpiecitos, planchaditos y estiraditos
para que no sospechen de ningún modo que los conseguí
turbiamente.
es que en este mundo hay que guardar las apariencias:
es sabido que como te ven te tratan
y en cualquier momento todo va a estallar
y por mientras todos vamos marchando hacia el abismo
sin saber
siquiera
cómo defendernos.
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