En otro tiempo este jardín
llevaba columnas romanas y
piluchos de yeso rodeando la fuente
y llegaban sin pensar en cobrar
flautistas tan capaces que parecían
inventar melodías insólitas.
En este tiempo otro jardín
se ha empoderado ácidamente, con dibujos
obscenos, señoritos bajándose los pantalones
y meando en la fuente mientras
los que debían venir a tocar no vuelven
a menos que les paguen sus honorarios abultados.
No hay tiempo que valga
cuando otros hábitos corrompen al jardín.
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