No hagas a otros con tus palabras
lo que no te gusta que hagan contigo
a menos que si destrozan tu abrigo
quedes ya muy sonriente en lo que ladras.
Suficiente conclusión en las tablas
resulta aquello, tras ver cómo sigo
tu llanto: -Intento andar, y no consigo
que los remansos alcancen mis mangas,
todo lo cual es culpa entera mía
por renegar del aire desmembrado
que ofendí con púas silabarias,
cuya saliva abundaba en porfía
y sellaba su último round, cantado
por mi miseria loba y esteparia.
-No sé si absolverte
pues ya corrí esta suerte.
Mi reflexión: ¿fútil o necesaria?
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