Un chasquido de dedos ansioso por ver
al caballo de turno ganar en la carrera nº 7
no abolirá el azar eterno que uno mismo,
más seguidor del fútbol y el rock y las chicas en ropa interior que
de esos pastos hípicos, observa sin interés-
porque nunca me atrae ese ambiente, menos
las ganas de fumar y beber cerveza abundantemente
en los tiempos muertos. Para caballos
prefiero al canónico Caballito Blanco.
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