Usted elige a quién creerle:
a la seguidilla de páginas
con tinta oscura
o al plumón permanente
que en las paredes en ruinas
(morales o materiales, lo mismo da)
le da voz una vez más al descontento.
Por mi parte
suelo sacar un promedio de aquello:
lo hago aunque me miren
como agente de la desconfianza.
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