*Peter Murphy
He visto noche a noche a esos dos que se comen a besos,
que no tienen medida a la hora de demostrar su pasión ante los que están presentes,
fundiéndose hasta hacer que sus cuerpos sin necesidad de desvestirse generen calor y humedad. Hasta allí
sorpresa no hay, pero hay un detalle que inquieta:
sus rostros no son rostros propiamente tales, son espejos ovalados en los que no se distinguen relieves ni carnosidades.
Tal vez se han sobajeado tanto, al punto
de no reconocer lo de él en ella lo de ella en él.
Extrañeza esta del amor cristalino que devuelve
una figura no visible, de duración incierta.
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