escribo en esta libreta de garzón
después de servirme una copa de vino
que la rugosidad de estos días
en los cuales dejo esbozada la silueta de la palabra amor
y no recibo otra cosa más que un silencio
repugnante en cada esquina (olor a perfume de otro tiempo
más hostil que no sé si lo viví de veras o me vivió con la delicia
de la crueldad cuando se está en el cómodo asiento del victimario)
va a pasar a un plano decimal
no sé en qué forma pero pasará seguro
cuando el pasto deje de ser más verde
en el patio del vecino y lo sea
a los pies de una figurilla cercana
una que sepa calcar la silueta
de lo que uno pone
como la palabra amor
sin corazones de utilería.
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