De un tiempo a esta parte lo popular
es el populismo exacerbado,
el regadío de lo incubado
por gritadores propios del lugar.
Con la excusa de querer la verdad,
la justicia y el sentimiento patrio
renacido, defienden desde el patio
el linchamiento. Ya la crueldad
es moneda de cambio sin matices,
con cabezas, piernas y narices
en peligro permanente. Señor,
tal vez ya lo ha aprendido. Es lo peor:
confundir popular con populista
como quien da una rosa tan plomiza.
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