La mano que aprieta, el viejo del saco, la señora de los pájaros, el loco pastabasero de la esquina que toma Ron Silver, los inspectores de Impuestos Internos, Binky el Payaso, el Ratón de los Dientes;
todos estos engendros de origen incierto, a veces incluso impresentable, muchas veces indeseables,
aparecen de vez en cuando para cobrarme algún favor, para sobornarme porque hablé de ellos en el bar de la esquina, para solicitar un lugar de privilegio en mi imaginario
porque en algún momento de la historia les di vida. En el fondo de todo no es papita pal loro esto de generar lazos
entre ficción alucinatoria y realidad chata. Nunca fue una tacita de té.
Y nunca lo será.
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