ejerces tu oficio y tomas en cuenta
el aliento de sus cuerpos
junto con sus voces.
y esas voces de carne y hueso
te pedirán a cambio
tu propio aliento para que hagas
y deshagas de veras en tu silla
al punto de hacer que veas y huelas
sus alientos vivos
como verdaderas alcantarillas pútridas
dentro del lugar habitado
que puede marcar tu cerebro.
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